domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo 10

Cuando salimos de los túneles, llovía. Cerré los ojos y miré al cielo, mientras el agua resbalaba poco a poco por mi rostro. Era maravillosa la sensación de libertad que el agua me producía. Habíamos salido de la ciudad, estábamos a unos 20 kilómetros de ella. La oscuridad había cesado de repente, y nos habíamos encontrado de nuevo en la superficie, en un día negro y lluvioso que a mí me supo a gloria. Respirar aquel aire tan puro, tan limpio… Todo olía a mojado, la hierba, las piedras del camino… todo parecía estar allí, llamándonos, esperando.
-         Cuando acabes de mirar como llueve, podemos seguir adelante.
Me giré hacia Abel. Él nos había llevado por lo que decía que eran zonas seguras y la verdad es que no habíamos encontrado a ningún zombie en nuestro camino. Al contrario, todo había sido fácil, quizá demasiado. El plan era alejarnos de la ciudad lo máximo que pudiéramos y encontrar un medio de transporte que nos permitiera trasladarnos hasta el nuevo puesto de forma rápida y segura para todos.
-         Perdona. ¿Cuánto más tenemos que avanzar?
-         Un poco más. Ya estamos cerca. Creo que podríamos hacer funcionar un tren entre todos, si encontramos alguno que no esté destrozado.
Un tren. Claro que sí y ya de paso nos vamos de spa.
-         Abel, ¿eres consciente de que los trenes son eléctricos verdad?
-         Muy aguda, ¿y tú eres consciente de que existen las estaciones y subestaciones eléctricas no?
Algo me escamaba en todo esto. Tenía el vello de la nuca erizado y mis sentidos me decían que no siguiera a este hombre, que lo único que iba a conseguir era matarnos a todos. ¿Qué era lo que pretendía? ¿Qué conectásemos la electricidad de una subestación?
Mónica siguió el hilo de mis pensamientos y me puso la mano sobre el hombro, como una forma de apoyo que agradecí. Ella parecía estar de mi lado.
-         ¿Qué propones?
Abel miró a Mónica, y ella le sostuvo la mirada. Quería una respuesta, y no iba a esperar mucho a conseguirla.
-         Primero vamos a ver si encontramos un tren que nos sirva. Es un medio de trasporte rápido y seguro. Si las vías no están obstruidas, iremos a la subestación eléctrica y la activaremos. Tendremos electricidad suficiente para volver a por ellos y largarnos de esa ciudad.
Me adelanté hacia Abel y me quedé a dos palmos de distancia. Clavé mi mirada en la suya. Él no se echó atrás.
-         Y pretendes que hagamos todo eso como en un cuento de hadas ¿verdad?
-         Si has sobrevivido en la ciudad, bien te puedes enfrentar a un puñadito de zombies de las afueras.
-         ¿Un puñadito? ¿Es que tú te oyes hablar?
Me alejé de él y volví hacia Mónica, que dialogaba con Fer. Ambos dejaron de hablar cuando me vieron llegar.
-         ¿Y?
-         No me gusta. Algo me dice que esto no es un buen plan. Tendríamos que haber encontrado algún zombie, o al menos, algún rastro… y nada.
-         Sí, eso mismo estábamos hablando nosotros. Pero si hemos llegado hasta aquí tenemos que probarlo. No podemos volver al bunker y decirles que nos echamos atrás estando tan cerca.
-         Abel no me da buena espina. Creo que trama algo.
-         No eres la única que lo piensa. Mónica también me ha dicho que no se fía de él… tiene algo extraño que no me acaba de dejar tranquilo.
Abel nos observaba. Sabía, a juzgar por la forma de achinar los ojos, que hablábamos de él, y obviamente no le gustaba. Tenía que pensar algo, o esto terminaría como mínimo en una pelea, si no en algo más. Me eché la mano a la cintura y palpé algo que ni siquiera recordaba que tenía: el walkie que me había dado Lorena. Si todo iba bien, ellos tendrían la pareja y si las cosas se torcían siempre podría contactar con el bunker… aunque estuvieran demasiado lejos para poder salvarnos. Por el momento, decidí no decirles a ninguno que lo tenía, ya se me ocurriría algo luego para explicárselo.
-         Bueno, propongo que sigamos, al menos de momento para ver a dónde podemos llegar. Si encontramos un tren que podamos usar… La verdad es que puede irnos muy bien. La gente que hemos dejado atrás nos necesita.
-         ¿Vas a fiarte de él?
-         No, pero no puedo desarmarlo. Tranquilos, si pasara algo, en el peor de los casos somos 3 contra 1 ¿no? Además, no creo que se rebele, somos la única esperanza para rescatar a su grupo.
-         De acuerdo. Pero sigue quedando pendiente el tema de la electricidad…
-         Intentaré pensar en algo. Dame tiempo.
Los tres avanzamos hacia Abel.
-         ¿Cuál es el veredicto? ¿Soy culpable?
-         Déjate de gilipolleces. Sigo creyendo que nos llevas a un callejón sin salida, pero tenemos que intentarlo. Si podemos conseguir la electricidad… podremos llegar lejos. Si no, siempre podemos pensar en algún otro plan…
Sin decir más, los cuatro volvimos a ponernos en marcha. No pasó mucho tiempo hasta que la lluvia se convirtió en una señorial tormenta. Los rayos iluminaban el cielo y me herían los ojos, pero a la vez eran un espectáculo hermoso en extremo. Me hubiera gustado compartirlo con aquellos que nos esperaban en el bunker… En aquel momento recordé la promesa que había susurrado al vacío, y me maldije por no haber sido lo suficientemente valiente para decirla cuando tuve la ocasión y no después. Cuando llegamos a la estación el ratio de luz había bajado mucho, me arriesgaría a decir que anochecía, o al menos eso pensaba.
Cuando observamos a nuestro alrededor, nos hundimos. Mónica sencillamente se sentó en el suelo y dejó caer la cabeza hacia delante. Estaba agotada y el frío de la lluvia le había calado, pero la esperanza la había mantenido caminando. Fer contemplaba los trenes con un gesto serio e impenetrable.
Sí, era cierto que había muchos trenes, y muchos de ellos en buenas condiciones para viajar, incluso podríamos haberlos hecho funcionar si hubiéramos tenido electricidad… si no fuera por el tren volcado que obstruía las vías.
Me acerqué a Abel, que se había apoyado en este último tren y miraba al suelo con los puños apretados.
-         ¿Y ahora qué?
Él me miró. Quise pensar que las gotas de agua que resbalaban por su rostro eran eso, agua de lluvia, y no lágrimas. Pero aún así, estaba rabioso. Podía verlo en la forma en que contraía los puños. Su plan había fracasado y ahora su grupo pagaría su estupidez.
-         No lo sé. Mi plan era este. No tenía un plan B. Si te soy sincero, nunca creí que el plan A pudiese funcionar, era una posibilidad remota, pero tenía que intentar algo. Como mínimo por los niños. Ellos me ven como un héroe, y yo les he fallado.
-         No les has fallado, tenías esperanza, eso no es malo.
-         ¿Y de qué me sirve la esperanza? ¿Me ayudará a rescatarles la esperanza?
Todos tenían el ánimo por los suelos. Habíamos caminado tanto tras una esperanza… que ahora se desvanecía ante nuestros ojos. Debía hacer algo. No podía dejar que se rindieran tan fácilmente.
-         Bueno, de momento creo que deberíamos revisar los trenes por si hay, como tú los llamas, monstruitos. Después, pasaremos la noche aquí. Cuando amaine pensaremos en algo. De momento es lo máximo que podemos hacer.
Abel asintió con la cabeza. Fui hacia Mónica y le tendí una mano para ayudarla a levantarse. Ellos necesitaban sentirse útiles. Mientras pensasen en otra cosa, olvidarían que el plan había fracasado.
-         Chicos, Abel va a revisar los trenes en busca de zombies. Cubridle, y ya de paso, vigiladle bien.
Ante esta frase, ambos cargaron las armas y avanzaron a paso rápido hacia Abel, quién ya se introducía en el primer vagón de uno de los trenes. Yo fui la última en entrar. Cubriendo la retaguardia. Era la última por que tenía que tener la cabeza en otras cosas que no fuera poner los cinco sentidos en detectar enemigos.
El tren estaba vacío. No me sorprendió. Después de cerrar todas las puertas para que ningún posible visitante curioso se colase en el tren durante la noche, nos alojamos en uno de los vagones de cabeza. Nadie hablaba. Supuse que cada uno teníamos nuestros propios demonios internos que combatir. La lluvia paró un rato después, y la noche fue despejándose paulatinamente. La luz de la luna llegó a iluminarnos cuando ya era noche cerrada. Mónica dormía arropada en los brazos de Fer y Abel miraba por la ventana.
-         Siempre vigilando.
Sé giró hacia mí y sonrió. Creo que era la primera sonrisa sincera que le veía.
-         Tú tampoco puedes dormir veo.
-         No, tengo demasiadas cosas en la cabeza.
-         Ya somos dos.
Me levanté y me alejé de dónde estaban. Antes de salir el vagón me giré de nuevo.
-         Abel, vigílales mientras no estoy.
-         ¿Dónde vas?
-         No fuera del tren, tranquilo. ¿Puedo confiar en ti?
-         Claro. Ve tranquila, yo les cuido.
-         Gracias.
Le sonreí, más como una muestra de confianza que por que realmente tuviese ganas de hacerlo. Él lo entendió y me devolvió un asentimiento de cabeza. No podía derrumbarme yo ahora que todos estaban abajo. Me tocaba tirar de ellos hacia arriba y remontarles poco a poco. Tenía que pensar en algo, y tenía que hacerlo rápido. Fui al compartimento del conductor y cerré la puerta. Después saqué el walkie y lo encendí. Era una posibilidad remota pero podía ser que hubiera alguien a la escucha.
-         Aquí Lourdes, ¿hay alguien ahí?
No hubo respuesta. Tenía que haber alguien… lo que pasa es que no lo habían escuchado… eso era.
-         Aquí Lourdes, si hay alguien a la escucha contestadme.
Nada. El silencio, el maldito silencio que siempre me perseguía y que ahora había vuelto para torturarme.
-         Vamos chicos, sé que hay alguien al otro lado, quién sea, por favor…
-         Soy David, te escucho Lourdes, que alegría que nos hayas hablado, comenzábamos a preocuparnos por vosotros. ¿Dónde estáis?
-         En la estación de ferrocarriles de Sant Boi.
-         Qué queríais, ¿secuestrar un tren?
-         Precisamente.
Escuché una risa detonando. Se cortó la conversación durante un par de minutos. Esperé con paciencia que el ataque de risa de David cesara.
-         Bueno, ya está bien ¿no?
-         Perdona, perdona, es que la idea de usar un tren me parece tan ridícula… ¿Cómo pensabais hacerlo funcionar?
-         Ya, yo pensaba lo mismo, en fin. Nos hemos quedado dentro de un tren. Estamos bien… un poco desmoralizados, pero bien. Mónica y Fer duermen. ¿Alguna novedad por ahí?
-         Poca cosa, ya sabes, lo de siempre. El líder les ha dado la gran noticia, y esto parece un gallinero... te puedes imaginar.
-         ¿Cómo está él?
-         Mucho tardabas tú en preguntar… Está dormido. Llevaba demasiado sin cerrar los ojos, y ha estado sometido a mucho estrés. Si yo fuera él, procuraría seguir durmiendo hasta que volvierais.
-         Pues… la verdad es que necesitaría que le despertaras. Tengo que discutir con él un par de asuntos de organización.
Volvió a cortarse la comunicación. Supuse que la idea de despertar a una persona que necesitaba tanto descansar no entraba en los planes de David.
-         ¿Es totalmente necesario?
-         No te lo pediría si no lo fuese.
-         De acuerdo.
Esperé pacientemente. Me senté en el asiento que antaño había conducido algún operario de ferrocarriles y apoyé los pies en un saliente dónde estaban los mandos de control. Supuse que aún tardaría un poco en despertarle. Un plan estaba comenzando a forjarse en mi cabeza, pero necesitaba la aprobación del líder para ponerlo en marcha. Así que no todos estaban de acuerdo en salir del bunker… Interesante. Esto podía crear tensiones, y finalmente una disgregación del grupo. En parte, era bueno, por que tendríamos menos problemas, pero por otra parte, yo no estaba dispuesta a dejar a nadie atrás. Y si tenía que dejar inconscientes a los que no estaban de acuerdo con el plan para poder trasladarlos, lo haría.
-         ¿Lourdes?
-         Buenos días.
Al otro lado sonó una risotada. Tenía la voz dormida, era normal.
-         ¿Estás bien?
-         Sí claro, estoy calada hasta los huesos y encerrada en un tren con los demás. Mientras ninguno se resfríe, yo creo que todo irá bien.
-         ¿En un tren?
-         Sí, Abel pensó que sería un buen medio de transporte para todos. Quería utilizarlos accediendo a una estación eléctrica para obtener corriente. Pero tenemos un tren volcado que bloquea las vías. El plan ha quedado descartado.
-         Es un contratiempo, sí…
-         Había pensado que nos hemos ido muy a lo grande… tenemos miles de coches en las calles… y seguro que aquí el amigo sabe hacer puentes perfectamente. Había pensado en coger un par de coches y un autobús. Podemos caber todos.
-         ¿Y cómo te vas a meter en la ciudad con los coches?
-         Ahí entras tú. Necesito que organices a la gente y les tengas preparados. Bloquearemos una boca de metro con el autobús. Nos comunicaremos por walkie y te diré a cual debes llevarles. Lo haremos a pleno sol. Debéis estar preparados para subir en cuanto lleguemos. Nosotros… bueno yo, trataré de alejar a la mayor parte de zombies que pueda de vosotros. Luego, cuando tengamos a nuestro grupo a salvo, volveremos a por el grupo de Abel.
-         ¿Tú? No. ¿Y si sale mal? Es muy arriesgado.
-         Es una vida contra muchas. Correré el riesgo. Tú ocúpate de tu parte, que no será fácil.
-         No sé, no me convence…
-         Hazme caso. No me pondré en peligro más de lo necesario. Nos encontraremos en un punto determinado. Os estaré esperando. Ya lo verás. Saldrá bien. Confía en mí.
-         ¿Y si no sale bien?
-         No entra en mis planes no volver a verte.
Se hizo el silencio. ¿Realmente había dicho aquellas palabras en alto? Las había pensado, pero de ahí a decirlas… ¿Estaría contemplando él el walkie como lo hacía yo? Me sentía estúpida por haberlo dicho, a pesar de que lo pensase.
-         En los míos tampoco.
No pude evitarlo y una sonrisa idiota se extendió por mi rostro.
-         En ese caso, confía en el plan. No pienso fallarte. Voy a volver sana y de una pieza. Nos mantenemos en contacto. Intenta descansar un poco más. Corto.
Apagué el walkie. Me levanté y decidí tratar de descansar por lo menos hasta el amanecer. Cuando volví al vagón, los tres dormían. Abel tenía la cabeza apoyada contra la ventana y Mónica dormía arropada en los brazos de Fer.
Traté de acomodarme lo más que pude y cerré los ojos… cuando me dormí, lo hice con una sonrisa en los labios.

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