miércoles, 12 de octubre de 2011

Capítulo 5

Estaba sentada en aquel pasillo. Húmedo, oscuro, y por lo que oía, lleno de roedores que pasaban por dentro de las paredes a pocos centímetros de mí. Me recorrió un escalofrío involuntario que me provocó una pequeña punzada de dolor en el hombro. Miré hacia allí y me encontré con marcas de dientes que recorrían desde la parte final del omoplato hasta la parte delantera de la articulación.
Cómo no me había dado cuenta antes era algo que no me explicaba. Quizá estaba tan confusa que no me paré a mirarme.
Miré a mi acompañante y él me devolvió la mirada. Un pequeño y molesto ruido comenzó a resonar en mis oídos, y aunque no le presté mayor atención me recordaba al zumbido que provocaban los moscardones. Venía de detrás de la puerta, así que miré hacia allí y traté de centrarme un poco más para intentar desenmarañar los sonidos y enterarme de algo…
-         Seguro que están hablando de mí.
Le miré. Él había seguido la trayectoria de mis ojos.
-         No seas engreído. Tienen otras cosas de las que preocuparse, como por ejemplo del monstruo que anda suelto por el mundo.
Esbozó una pequeña sonrisa. Me gustó ese gesto. Por un pequeño momento pareció que el mundo que sostenía a sus espaldas simplemente, no pesaba.
-         Creo que precisamente por eso están hablando de mí. La mayoría deben pensar, no, estoy seguro de que piensan que estoy loco para haberte traído de vuelta, pero sabía que dejarte allí era un error.
-         ¿Allí? ¿Allí dónde? No recuerdo nada, ni quién eres tú, ni cómo he llegado aquí… Ni siquiera recuerdo mi nombre.
-         Tienes la memoria inactiva, ahora mismo es como un cable que alguien hubiera desenchufado. Es normal, si contamos que has estado muerta un buen rato.
-         ¿Qué pasó? Ahí dentro alguien quitó el seguro a un arma y se me vino algo a la cabeza,  te vi conmigo, y había… zombies, muchos, corriendo hacia nosotros… y yo tenía la pistola apoyada en tu hombro… y no recuerdo nada más.
-         Lo que pasó es que eres una cabezota que debió obedecer cuando se le impartieron órdenes de esconderse y no quiso.
Me miraba con el ceño fruncido, como si estuviese enfadado por lo que había sucedido. Tras unos segundos en los que ninguno de los dos dijimos nada, lanzó un suspiro y trató de relajar su expresión.
-         Pero tengo que darte las gracias al fin y al cabo. Supongo que si hubieras hecho lo que te pedí, estaría muerto. Así que, te mereces una explicación. Llegaste a nosotros hace cosa de unas horas, venías sola, y afirmabas haber vivido en la superficie desde que se produjo… el incidente. Nos trajiste además toda una horda de zombies de clase tres a las puertas de casa. Sin duda, habían captado tu olor e iban  a por ti. Una patrulla te encontró y te trajo al refugio. Fui duro contigo, lo admito, y los dos salimos en busca del grupo que te iba siguiendo para darles caza… algo salió mal y te mordieron. Cuando los refuerzos llegaron, habías muerto, pero no te quise dejar allí, tenía el presentimiento de que al despertar ibas a ser diferente, era una esperanza tonta, pero creo que en el fondo necesitaba creer que sería así… es frustrante el hecho de que te respeten por delante y te miren con lástima por detrás. Nadie entiende lo que es ser diferente, la cruz que es ser inmune… yo he visto morir infectados a todos los que conocía o quería… y ahora, aquí estás. No me equivocaba. O al menos no del todo.
Le escuché sin interrumpir, aunque miles de preguntas se agolpaban en mi cabeza. Sentí que necesitaba ser escuchado. Traté de guardar cada palabra en mi mente, pero se me hacía duro, todo era demasiado confuso. Aún así, dos palabras pugnaban por abrirse paso, empujando a todas las demás ideas…dos palabras que terminaron por aflorar a mis labios en forma de pregunta.
-         ¿Qué soy?
-         No lo sé. No eres como yo, pero tampoco eres como ellos. Supongo que estás a medio camino entre una cosa y la otra… no sabría definirlo mejor.
Me levanté del suelo y me puse delante de él. Puse una mano sobre su pecho, para notar latir su corazón y a mi contacto, dio un pequeño respingo. Cerré los ojos y traté de escuchar cada latido. Bum bum, bum bum, rítmico, tranquilo… luego palpé el mío… y me asusté.
Comparado con el suyo, mi latido era el doble de rápido.
Traté de que no se me notara en la cara, pero no tuve demasiado éxito. Realmente estaba asustada. Era algo que no podía negar. Me alejé y volví a sentarme en el suelo, apoyando la espalda y la cabeza contra la pared. Miré al techo.
Noté como una lágrima caía por mi rostro, aunque no sabría decir de qué sentimiento provenía… Él se acercó y se agachó hasta quedar a mi altura.
-         Puede que seas más fría que yo o que el resto de nosotros, o que tu latido sea más rápido… quizá precisamente por que tienes la temperatura baja tu pulso es más elevado, no lo sé… pero sigues siendo humana. Para mí, sigues siéndolo completamente.
-         No soy humana, ella tiene razón. No sé lo que soy, y no recuerdo nada de mi pasado, ¿cómo podré seguir adelante si no sé quién soy?
-         Recordarás. Poco a poco todo mejorará. Ya lo verás. Sé que te pido algo que es difícil, pero confía en mí. Yo pasé por algo parecido a lo que te pasa a ti. Al principio es duro y difícil comenzar de cero, pero con el tiempo te vas dando cuenta de que todo cambia y de que tú serás quién quieras ser. No importa quién fuiste, ni lo que hiciste, lo único que importa es lo que hagas a partir de ahora. Se te ha dado otra oportunidad…Aprovéchala en lugar de lamentarte.
-         No sé ni siquiera que hago aquí.
-         Mira, siempre he creído que cuando dos vidas se enlazan, no es por casualidad. Esos lazos pueden fortalecerte o debilitarte, pero jamás te dejarán indiferente. Llegaste a nosotros por una razón, y tarde o temprano la descubrirás. Todo tiene una razón, sólo hay que saber encontrarla.
En aquel momento le miré a los ojos y pude ver que sonreía de forma sincera. En el fondo algo me decía que tenía razón, que aquel era el lugar en el que debía estar, con la gente que debía estar y en el momento en que debía estar… él se levantó y me tendió la mano para que yo hiciera lo mismo. Fuimos hacia la puerta. Sentía que necesitaba tiempo para asumir todo lo que me había dicho y debía ser allí dentro. A pesar de que no sabía si estaba lista para enfrentarme a miradas acusadoras y palabras cargadas de odio, debía ser lo suficientemente fuerte como para soportarlo.
Él entró primero, y al cabo de un momento volvió a por mí. Cuando entré, las luces estaban muy bajas y apenas las notaba. Había un círculo de gente en el centro del bunker. Sus miradas eran huidizas, estaban claramente asustados. La mayoría no me miraban directamente, si no que preferían hacerlo de reojo, con las manos en sus armas. Era como si creyeran que podría atacarles. Me sentía como un animal enjaulado. Un animal al que todos consideraban peligroso aún cuando era inofensivo.
Sólo una persona, una mujer, me miraba y me sonreía abiertamente. Esta persona se acercó a mí y sin dudarlo ni un segundo me abrazó.
-         Me alegro de que estés bien. Me preocupé al ver cómo te trajeron de vuelta.
No sabía como reaccionar, pero decidí devolverle el abrazo. Todas las miradas se fijaron en mí entonces, sobre todo la de un hombre, que me miraba con verdadero odio en sus ojos. Cuando esta mujer se separó de mí, sonreí. Ese abrazo me había dado paz…
Esa sensación duró tan solo unos segundos.
-         Tenemos que hablar.
Una voz sonó a mis espaldas, aquella voz que me había llamado monstruo, aquella mujer que no sabía nada de mí y aún así se atrevía a menospreciarme.
Me bullía la sangre en las venas cuando me giré para mirarla, y mi mirada pareció amedrentarla. Cuando volvió a hablar su voz no era tan firme. Parecía que el monstruíto no era tan débil como ella se pensaba.
-         ¿Qué ha pasado?
-         No estoy de acuerdo con que ella se quede.
Me señaló con un cabeceo. El líder bajó la cabeza y suspiró. Luego me miró.
-         Lorena, llévatela contigo, luego le buscaremos un lugar dónde instalarla. Mónica ven conmigo.
Mientras yo me iba con la otra mujer, ellos se alejaban en sentido contrario, hacia una zona apartada de la gente. Aunque Lorena trataba de hablarme y hacer que yo le contestase a alguna pregunta, yo traté de escuchar lo que ellos decían, sólo tenía que vaciar mi mente como lo había hecho antes… no había sido tan difícil…
-         ¿Qué es lo que te pasa? ¿Qué tienes en su contra?
Sí, ahora sólo debía concentrarme para no perder el hilo.
-         No es como nosotros. Tiene células infecciosas en su cuerpo, y pueden terminar dominándola. Cualquier día os matará mientras dormís.
-         Pero que te crees que es ¿una asesina camuflada o algo así? No digas tonterías.
-         Te dije que no la trajeses, pero tú tuviste que correr el riesgo.
-         Si no hubiera corrido el riesgo, ahora no estaría viva.
-         No está viva.
-         Sí lo está. Le late el corazón.
-         Y a una persona en estado vegetativo también, pero no dirías que está viva ¿a que no?
Ese comentario había dolido. Esa mujer estaba siendo realmente cruel conmigo. Yo no quería causar ningún problema… ojalá hubiera muerto…
El líder suspiró de nuevo.
-         Mónica, no nos vamos a poner de acuerdo, así que ¿a dónde quieres llegar?
-         Me marcho. Si ella se queda, yo me voy. Y me llevaré conmigo a quién quiera venir.
Ambos callaron. La una estaba pensando si hacía lo correcto, y el otro, simplemente trataba de asumir lo que acababa de escuchar.
-         ¿Hablas en serio?
-         Completamente.
-         O sea que o la echo a ella o te vas tú.
-         Exacto.
Volvieron a callar. Estaba segura de que la mujer estaba deseando que le suplicara que se quedase, que le hacía falta, que sin ella no podría seguir…
-         Muy bien, si quieres irte no puedo retenerte. Me duele que te vayas, y te pido que lo reconsideres, pero tampoco puedo echarla a ella. Tú la trajiste. Tiene tanto derecho a estar aquí como tú.
-         ¿Es que no ves que es peligrosa?
-         No, no veo que suponga ningún peligro. Creo que la que asume un riesgo estúpido saliendo al exterior sin saber qué puedes encontrarte eres tú. ¿Cuánto te piensas que puedes sobrevivir ahí arriba? Vamos Mónica, deja de hacerte la heroína.
-         Te crees que es como tú…
-         Sé que es completamente diferente a mí. Pero es una humana y tiene derecho a estar con los suyos.
-         Si eso es lo que crees, me iré en una semana.
La voz de la mujer sonaba triste. Daba la sensación de que la hubieran derrotado. Desconecté de la conversación y volví a poner atención a Lorena. Me había sentado en su dormitorio y me contaba anécdotas y demás de la vida en el bunker, diciéndome cómo era cada uno de los que allí vivían. La información resbalaba por mi mente, sin llegar a entrar en mi cerebro, que se había cerrado a cal y canto. Sólo una frase resonaba en mi cabeza, 6 palabras escupidas con una rabia inhumana: “te crees que es como tú”… seguida de otra que relataba una verdad que veía clara en mi cabeza: ojalá aquel zombie me hubiera matado.

2 comentarios:

  1. me encantaaaa me gusta muchooo :P sigue así jejej no dejes de escribir niña :)

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  2. He vuelto de nuevo a engancharme en el capitulo 5, y no voy a parar hasta el 7. Continua así , me encanta... Gabi.

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