martes, 11 de octubre de 2011

Capítulo 4

En el momento en que la vimos entrar, todos pensamos que sería una nueva esperanza. Mónica, Víctor, Fran, Laica y yo la habíamos encontrado en la estación. Provenía del exterior y había sido capaz de sobrevivir fuera durante todo aquel tiempo. Ella era nuestra esperanza de volver a la superficie. Si ella había podido sobrevivir sola, ¿cómo no íbamos a poder hacerlo todos juntos?

Y ahora que ellos, aquellos monstruos despiadados se habían decidido a entrar en los túneles, en nuestro último refugio, teníamos que salir de allí, plantarles cara, matarles y dejar de vivir como ratas para volver a hacerlo como seres humanos.

Por eso yo estaba allí. Sentada frente a la puerta por la que se habían ido en busca del grupo de zombies, a pesar de que sabía que no iban a regresar en breve. A mi parecer, no había sido una idea acertada llevarla de caza sin estar preparada para lo que se le venía encima, pero el jefe decidía, y sus decisiones siempre solían ser acertadas, de modo que nadie discutió.

Algunos le tenían miedo pero otros le respetaban profundamente. Era el líder del grupo, pero para muchos había sido mucho más que eso. Había sido la figura que se había alzado en medio del caos para proporcionarles refugio, comida, armas, medicinas y sobre todo, algo que todos necesitábamos: compañía y calor humano.

Y ahora, algo en mi interior me decía que estaba cometiendo un error que todos pagaríamos muy caro… pero no sabría explicar por qué.

- Lorena, ¿estás bien?

Me giré para encontrarme con Víctor. Me miraba preocupado. Siempre se preocupaba por mí. Apoyó una mano en mi hombro y se sentó a mi lado. Él era esa persona que me había demostrado que incluso en un mundo de monstruos, podía nacer el amor. Traté de tragarme mis miedos y dudas y le respondí con una sonrisa.

-       Claro que estoy bien. Sólo estaba pensando.

-       ¿Y puedo saber que se te pasa por esa cabecita?

-       Son sólo tonterías. Pensaba en la chica nueva.

-       ¿Qué pasa con ella? Creí que te caía bien.

-       Sí, claro, no es por ella… ¿Y si el jefe se está equivocando? Y si llevarla fuera es un error…

-       Entonces supongo que tendrá que asumir las consecuencias.

Me levanté con un suspiro y me dirigí hacia la parte del bunker en la que tenía mis cosas. No podía evitar estar nerviosa, preocupada, ni que una parte de mí se sintiera frustrada por el hecho de tener que quedarme allí esperando a que llegaran las noticias. Alguien pasó por delante de mi cama, proyectando su sobra sobre mí en repetidas ocasiones. Mónica caminaba de un lado a otro, nerviosa, su mirada viajaba hacia la puerta cada pocos segundos, como si esperara que fuera a abrirse de un momento a otro.

-       Como sigas así, abrirás un surco en el suelo.

Ella se paró y me miró. Siempre con esa mirada fría, Mónica era una mujer capaz de conseguir que confesaras tus más oscuros secretos sólo con decir una palabra. Quizá por eso era la segunda al mando.

-       ¿Me estás observando?

-       No es que yo te observe, es que tu sombra no deja de pasearse ante mis narices, y como comprenderás es bastante incómodo.

Claro que yo no iba a dejar que me atrapara tan fácilmente entre sus garras. Ante mi contestación, se giró y decidió dejar de caminar para ir a sentarse cerca del equipo de radio. Cruzó las piernas y para evitar que le temblaran apoyó su codo en la rodilla y la barbilla en la mano. Siempre con la vista fija en el equipo de radio.

Los minutos pasaban lentos, demasiado lentos para mi gusto.

De pronto, noté un cambio en el ambiente. Mónica se había levantado y hablaba a través del walkie a la vez que ordenaba a unos cuantos de los hombres que estaban allí que la siguieran. Sin darnos ninguna explicación, salieron a todo correr hacia los túneles. No había que ser muy inteligente para saber que si habían pedido refuerzos, la cosa no pintaba bien.

Quise acercarme, coger el walkie e intentar hablar con ellos, saber si los dos se encontraban bien, pero me contuve, sobre todo por que Víctor se iba con Mónica.

Su mirada me decía que volvería de una pieza y siendo humano, pero sus manos temblaban, y fue incapaz de responder a mi sonrisa de ánimo con otra cosa que no fuera un asentimiento de cabeza.

Cuando la puerta se cerró tras ellos se hizo el silencio.

Pero no era un silencio normal. Era un silencio lleno de tensión, de miedo, lleno de pensamientos que nadie se atrevía ni siquiera a susurrar. Yo simplemente suspiré y susurré al aire lo que me hubiese gustado decirle a él: Ten cuidado.

Cada uno volvimos a nuestros quehaceres poco a poco, pero la tensión no desaparecía del ambiente. Todos aquellos que poseían armas propias se mantenían cerca de la puerta, como montando guardia por si acaso alguno de aquellos monstruos venía a por nosotros. Los demás nos manteníamos en silencio, cada uno sumido en nuestros propios pensamientos y preocupaciones, pensando en lo que teníamos y en lo que habíamos perdido.

Tardaron poco tiempo en volver.

Víctor entró el primero, y la alegría que sentí al verle fue comparada a la desilusión al ver que el jefe entraba con la muchacha sobre el hombro.

Una herida, un mordisco le marcaba el omoplato y no respiraba. Había muerto, la habían mordido y estaba infectada. ¿Cómo se les había ocurrido traerla de vuelta? Iban a conseguir que nos matara a todos cuando despertase. No quería creerlo pero parecía que se hubiesen vuelto locos.

La llevaron a la habitación del jefe y la tumbaron sobre la cama. Vi a Mónica caminar hacia allí como un huracán y cruzarse de brazos en la entrada.

-       Eh.

Víctor me cogió de la mano. Le sonreí y me devolvió la sonrisa.

-       ¿Estás entero?

-       Claro. Sabes que siempre vuelvo de una pieza.

-       ¿Qué ha pasado con ella?

No me respondió al momento. Su rostro se ensombreció y fue a sentarse a mi cama. Dejó las armas en el suelo y hundió la cabeza entre las manos. Tras dirigir una última mirada a aquella habitación, dónde Mónica aparentemente discutía con el jefe fui a sentarme a su lado. Le abracé. Necesitaba tiempo para reconstruir lo que acababa de vivir y no quise forzarle a que me contase nada. Simplemente me quedé allí, siendo la roca en la que pudiese apoyarse hasta que volviera a estar entero.

-       La mordieron.

Me separé de él y le miré a los ojos.

-       Cuando legamos ya estaba muerta. No pudimos hacer nada para salvarla. Pero él insistió en traerla.

-       ¿Por qué no se lo impedisteis?

-       Mónica lo intentó. Pero él le dijo que la tenía controlada. Creo que tiene la estúpida esperanza de que sea inmune como él.

-       ¿Cómo?

-       Creo que se siente sólo y tiene la esperanza de que cuando ella despierte, será como él, y tendrá a alguien que por fin le entienda.

-       Pero, nos tiene a todos.

-       No. Somos humanos sí, pero no somos como él. Ninguno sabemos lo que se siente al pasar por esa agonía, volver a vivir y recordar tu muerte. Él sí lo sabe.

Le dejé allí. En aquel momento, me asomé y miré hacia dónde estaba ella. El jefe se alejaba con paso firme de dónde estaban tanto Mónica, como la otra chica, Lourdes. Estaba completamente sumido en sus propios pensamientos. Caminaba hacia el área de comunicaciones, como muchos le llamábamos, pero en realidad, sus ojos miraban mucho más allá, quizá hacia un pasado que se esforzaba por escapar de su mente cuando creía tenerlo bien sujeto.

Era una mirada triste y profunda.

Dejé que pasara por delante de mí sin decirle ni preguntarle nada. Estaba claro que necesitaba estar solo.

Decidí ir hacia el almacén dónde guardábamos la comida y encargarme de ayudar a preparar cosas o hacer inventario. El ambiente a mi alrededor era demasiado triste, y no podía dejar que eso me hundiera, Víctor necesitaba que yo fuera fuerte por los dos. Era él quien normalmente salía fuera, veía sus caras y debía enfrentarse a los que querían matarle. Yo me encargaba de calmarle cuando las pesadillas nocturnas por tantas muertes se encargaban de quitarle el sueño. No podía llorar.

Así que me senté, y me puse a pelar patatas para la cena.


David y el jefe conversaban.

No sabía muy bien acerca de quién, pero parecía que alguien estaba enfermo. Por lo menos eso fue lo que me pareció en un primer momento, hasta que al acercarme un poco más, escuché las palabras “no es del todo humana”.

¿Ella estaba viva después de todo?

Aceleré el paso para acercarme más a ellos, quería enterarme bien de lo que estaba pasando. No se oía ninguna otra voz que no fuese la de ellos dos, pero no me pareció extraño, después de todo, debían estar escuchándoles.

Entonces la vi.

Caminaba con los ojos cerrados y a paso firme. Todos se alineaban contra las paredes y trataban de alejarse lo máximo posible de ella mientras la miraban con ojos asustados. Se la veía diferente, estaba más pálida, pero un tenue rubor seguía coloreando sus mejillas y sus labios brillaban, de un rojo intenso. Sus párpados eran de un color ligeramente oscuro, como si no hubiese dormido, y su ropa manchada de sangre la daba un aspecto un tanto siniestro, pero por lo demás, seguía siendo ella. Avanzaba poco a poco, paso a paso, y parecía que se guiaba  por las voces de los dos que hablaban.

No tardó en llegar a ellos, y rozó al jefe en el dorso de la mano. Él pegó un brinco, obviamente no esperaba que nadie interrumpiera su conversación, y por la expresión de su cara, la persona a la que menos esperaba ver a su lado era a la chica.

Intercambiaron unas pocas palabras de las que no llegué a enterarme y el jefe se la llevó.

En cuanto la puerta se cerró tras ellos, comenzaron a crecer los murmullos entre la gente. Había quién comentaba que era un zombie, había quién decía que no. Unos cuantos rodearon al doctor, quién no se dejó intimidar y los despachó con unos modales impropios de él.

Alguien llamó al orden.

Cuando me acerqué hacia la multitud, no tardé en descubrir quién era.

Mónica estaba en medio del círculo de gente que se había formado y nos miraba a todos, uno por uno.

-        Yo creo que puede ser peligrosa. Él – señaló con dedo acusatorio hacia la puerta – nos quiere hacer creer que la tiene controlada. Pero yo sé que no es así. No es un zombie, de acuerdo, no lo es, puede razonar y pensar con cierta lógica, no nos ha atacado ni se ha revelado, ¿y si lo hace? No sabemos exactamente lo que es.

-        ¿Y por eso quieres apartarla?

Nos giramos hacia David, el cual, entró en el círculo con la mirada clavada en la mujer que aún apuntando a la puerta quería sembrar la semilla de la desconfianza en nosotros.

-        Es un milagro. Un pequeño milagro médico. Claro que tendré que estudiarla pero aunque mantengo que no es del todo humana, su cerebro sigue siéndolo. Piensa como nosotros, y no creo que vaya a ponernos en peligro. A ninguno.

-        Pues sabes, yo creo que tarde o temprano lo hará, pero cuando suceda yo y los que estén de acuerdo con mi planteamiento, no estaremos aquí para contemplar como os despedaza.

-        ¿Qué quieres decir?

Mónica le dio deliberadamente la espalda a David, y se dirigió a todos aquellos que la miraban, ávidos de palabras de aliento y consuelo.

-        Yo creo que nuestro líder está perdiendo la cabeza. En una semana, no más, yo, y los que quieran venir conmigo y salir de esta locura, nos iremos. No sé a dónde ni puedo prometeros que todos los que nos vayamos lleguemos a nuestro destino vivos, pero sí puedo deciros que lucharemos para conseguir llegar a un lugar mejor.

La rabia me bullía en las venas. Quise entrar y pegarle un buen puñetazo que le cerrase esa bocaza. ¿Acaso no la había salvado el líder, arriesgando su propia vida en más de una ocasión? Y así se lo agradecía.

La gente guardaba silencio. Lo máximo que hacían era mirarse unos a otros con caras de entre desconcierto y un poco de miedo.

Todos sabíamos lo que había en el exterior, y a nadie le hacía gracia tener que dejar lo que era un cómodo refugio para enfrentarse a pruebas que no sabían si iban a poder superar.

Mónica se alejó, y lo mismo hizo el doctor, y nos dejaron a todos allí, sumidos en el silencio mientras las palabras que ambos habían pronunciado junto a lo que todos habíamos visto, desfilaban por nuestras mentes como un río que fluía hacia un incierto final.


1 comentario:

  1. me encanta la fic^^ sigue publicandola porque eres una crack...enhorabuena por esa inspiración divina que tienes y por ese don al escribir jeje

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